Prólogo
A medida que pasan los años y se aprende a aquilatar la vida, con todo lo bueno que trae consigo y el dolor que nos hace crecer, llegan las personas a la conclusión de que su legado serán sus obras. Las riquezas no se pueden transportar a la vida que viene después de la vida: hay que prepararse para este viaje ligeros de equipaje, ricos en satisfacciones y logros.
Esta sabiduría, que a la mayoría llega con la vejez, acompañó a Don Roberto Ruiz Obregón toda su vida. Por eso este hombre excepcional trabajó con tesón y ahínco, con fuerza extraordinaria, con carisma y voluntad inquebrantables.
Páginas 1 2